MONTE DE AYER, MONTE DE HOY.
La selva amazónica colombiana.
En la época de la Violencia muchos buscaron el sur de Colombia, en
especial la Amazonía, con el fin de apartarse de la muerte.
De todas las regiones llegaban “colonizadores”. Algunos buscaban salvar su vida y la de su familia y otros con la quimera de ocultar su pasado en medio de la selva.
El “sueño de la Amazonía” impulsado por el gobierno represento la magnificación de un engaño, el cual generó un desastre ecológico de gran dimensión.
Las palabras “caucho”, “pieles” y “madera” constituyeron la riqueza durante un cierto período de tiempo, después llego la ganadería; sin embargo, el mito de una “tierra fértil” resulto ser una farsa, pues las vacas, con sus cascos, empezaron a develar la tierra ácida y roja; de modo que hablar de tierra fértil en el Amazonas es hablar de “tierra árida”. Los únicos cultivos posibles eran los del caucho y del cacao, estos nacían de forma espontánea, expandiéndose por la región amazónica.
Por último llego la coca. Generando un desastre no sólo local, sino también nacional e internacional.
¿Será posible devolver a esta región colombiana algo de vida?
Hoy, la violencia, como en el pasado, desplaza a la población a otra selva, es decir la selva de cemento –la gran ciudad-; donde las esperanzas no existen, la comida y el trabajo escasean.
Allí no sólo llegan las víctimas de la violencia, sino también los violentos; los primeros llegan con el afán de escapar de estos; los otros llegan con el afán de camuflarse en la jungla urbana.
Entre calles y casas los desplazados desparecen, nadie los ve, no traen esperanzas, el gobierno no les ofrece grandes proyectos. ¿Podrán rehacer su vida? Sólo hay para ellos tristes monumentos, como los que se encuentran en los pueblos del Caquetá o el Putumayo; donde hombres y mujeres, que llevan hachas y azadones al hombro y arrastran niños desnudos, simbolizan la llegada de fuerzas de trabajo inhumanas atestadas de miseria y violencia. Asimismo, en el centro de las plazas hay raíces de árboles cortados, cuyo significado manifiestan un recordatorio de lo que ya no existe y exalta el progreso destructor.
En nuestras ciudades, donde los campesinos desarraigados han dejado de ser hombres del campo, y no poseen el derecho a la ciudad; se vuelven seres vivientes de los semáforos que llevan consigo una pancarta, escrita con pésima letra y redacción, como señal de asistencia. Pues, esto genera disgusto por parte de los transeúntes, ya que esto refleja una falta de política pública efectiva y eficaz con relación al desplazamiento forzado y la pobreza de sectores vulnerables.
La Amazonía se muere por acciones irresponsable, sus habitantes desplazados forjan en las ciudades cinturones de miseria, sin que nadie haga algo o diga algo. La Amazonía colombiana se muere, sus habitantes desparecen con sus tradiciones.
El monte amazónico de ayer, cueva de caucheros y explotadores de recursos; el monte amazónico de hoy, cueva de narcotráfico y violencia guerrillera y paramilitar: debe recuperar su paz y equilibrio natural, la vida debe volver ¿conseguiremos sacarla de este callejón?
GFT

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